Deslúmbrame.

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Nacer de nuevo; Remedios Varo.
Poeta de la noche, 
regálame las estrellas. 
Hazme un collar con ellas. 
Llévame a tu tiempo, 
cuéntame el momento 
de tu sentimiento. 
Envuélveme en tu aroma, 
hazme sueños, 
dame tus destellos. 
Mírame con ojos 
de brillo de centellas. 
Ilumíname el alma. 
Deslúmbrame. 

Luciana Laura Rubio Vega. 

Adherencias.

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Me duele alejarme cada vez más de ti, 
el vértigo del movimiento me horroriza. 
Cada vez más y siempre más aprisa, 
pierdo tu imagen, pierdo tu sonrisa. 
(Este vicio de rimar se me pega en la frente.) 
Te decía que te alejas y tu imagen se borra, 
tengo más asuntos pendientes. 
Pues sí, te digo, que tu sitio, está libre, 
¿Será que el clima ha empañado el vidrio? 
Pues te estaba diciendo, que desde que te fuiste, 
siento la soledad dura como piedra, 
que te quiero llamar, pero el orgullo me para. 
¿Qué no habrá otro mar en esta tierra rara? 
¿No habrá otro sol, otro cielo, otras flores? 
¿Algo que ya no me recuerde que contigo vivía? 
Necesito irme del planeta y empezar de nuevo la vida. 
(Las rimas me persiguen como perros falderos, ¡Ucha!, fuera de aquí. 
¿Qué no podré escribir sin responder al fin? 
Intentaré otra vez.) 
¿Sabes?, que no te puedo olvidar, 

Luciana Laura Rubio Vega.

Boceto de una tarde.

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Paisaje de jardín al atardecer; Vincent van Gogh
¿Será que la Luna está siempre oculta?. 
¿Será que las noches se han vuelto frías?. 
Estoy marginada, echada de lado 
lejos de tus manos y de tu sonrisa. 
El frío me hace apretar los huesos, 
escucho los ecos que forman mis pasos. 
Son ecos vacíos, sin canción ni ritmo, 
son solo redobles ensuciando el viento. 
¿Será que el invierno marchitó las flores? 
¿será que las aves viajeras del tiempo, 
con su algarabía, sus cantos, sus ruidos, 
me recuerdan esos, los días que pasaron?. 
La tarde se llena de vuelos, de líneas, 
negros rayoneos  pintando la tarde. 
Yo por las veredas del parque desnudo, 
voy sembrando voces, murmullos sin eco, 
que no encuentran donde arroparse del frío. 

Luciana Laura Rubio Vega. 

Estratagema.

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Si estás obsesionado en escribir, 
las palabras se esconden traicioneras, 
pareciera que ni las conocieras 
todo se hace tan arduo de decir. 

La siguiente estrategia hay que seguir: 
como si no importaran, ignorarlas, 
como si te estorbaran, soslayarlas, 
dejarlas olvidadas y salir. 

Entonces las palabras sonriëntes 
se muestran zalameras a tus ojos, 
su desaire por tierno afecto mudan, 

se enredan a tu pluma cual serpientes, 
te retienen echando los cerrojos 
y en tu lecho de versos se desnudan. 

Luciana Laura Rubio Vega. 

No era yo, pero hubiera sido.

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Mujer común; Emilce Fuenzalida
Me pensaste, estuve en tu recuerdo. 
Se que me viste en otros ojos 
y otros rubores causaron tus sonrisas. 
Rubores que hubiera yo sentido, 
calor que me hubiera encendido. 
Escuchaste mi acento en otra boca, 
recogiste cadencias de otro cuerpo. 
Pude haber sido yo, pero era otra, 
que sonaba con mi canto el caracol sonoro de su boca. 
Voces del altiplano, 
teponaztli midiendo el ritmo de sus pasos, 
huéhuetl sonoro modulando el viento en tus oídos. 
No era yo, pero hubiera sido. 
 
Luciana Laura Rubio Vega.

Versos bucólicos.

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Era un gran huanaco con alas de ángel, 
que feliz volaba cerca del estanque. 
Delicadamente se posó en el centro 
y el batir de alas daba movimiento 
a la superficie de temblor incierto. 
Muchas mariposas de colores serios 
volaban formando círculos etéreos. 
La orilla del lago sembrada de nardos 
aromatizaba el aire en letargo. 
Música en arpegios caía sobre el viento, 
leves como copos de arrepentimiento. 
El huanaco, leve, recogía lotos 
y se los comía con placer ignoto. 
Ascendía suave sobre los mastuerzos 
y ahogaba el silencio junto con mis versos. 

Luciana Laura Rubio Vega.

Desacato.

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Gato Matisse.
Desacato, 
pies de gato 
que se mueve como un trapo. 
No hay mandato, 
abro el alma y la lanzo sin recato. 
No atender al mojigato, 
que de letras tiene un plato. 
¿Qué si grito?, ¿qué si acato?, 
¿Qué la muerte está cerca?, tarda un rato. 
¿Qué la vida es mi amiga y me convida algún calato?
¡Que maltrato! 
¿Por qué juego en otro ato? 
Mi poema es muy libre y no lo ato. 

Luciana Laura Rubio Vega.

Campanas al vuelo.

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Campanario; Sole Toribio Rodríguez.
Me llegan palabras tuyas que son derroche de risas. 
Imágenes que revuelan conducidas por las brisas, 
enredándose entre pinos y miradas forasteras. 
Es tu alma campanita que suena en las cordilleras. 
Repica tocando sones, que hacen ecos por los cerros 
y va sembrando alegría donde suena su cencerro. 
Baja por los arroyuelos llevando su melodía 
y el tintinear se detiene al ver mi melancolía. 
Doble repique que suena y mi ánimo se enaltece 
y canto, bailo y me río y quiero volar con ese, 
con él que anima mi día, que me lo llena de flores, 
que me hace tejer guirnaldas y soñar con sus amores. 
Quiero abarcar el espacio que lleva aromas de vientos 
Vientos precordilleranos que llenan tus sentimientos. 

Luciana Laura Rubio Vega. 

Oigo el silencio.

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Mujer de ojos tristes; Mónica Fernández.
Te encuentro en los poemas de todos los poetas. 
Reconozco tu rostro, tus palabras, tus gestos. 
¿Cómo es que saben ellos que era así lo nuestro? 
¿Cómo es que se desgarran por la ausencia de besos? 
¿Cómo es que sus amores eran igual de tiernos, 
que en ellos reconozco tus murmullos, tu aliento? 
¿Será que son fantasmas que ellos dejan dentro 
de pöemas de amores y que ahí yo te encuentro? 
Ando perdida, ¿sabes?, desde que oigo el silencio 
que está hueco de voces vestidas con tus versos. 

Luciana Laura Rubio Vega.

La mañana.

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La mañana aparece como gato remolón, 
se atraviesa, me acaricia, y me pide mi atención. 
La mañana luminosa suena a tango cadencioso, 
me recuerda tus enojos y tu estilo de transar, 
de volver a las caricias, de volvernos a querer. 
La mañana tiene todo lo que tiene que tener, 
Sol, canciones, alegría y las ganas en la piel. 

Luciana Laura Rubio Vega.