Esfera de diamante.

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Encerrada en esfera de diamante
se esconde Poesía, me rechaza
y yo golpeo duro con mi maza
que no libra ni astilla zigzagueante.

Teme que la degrade, la quebrante,
que la convierta en gota de melaza.
Miedo al lugar común me la desguaza,
prefiere estar ausente, tan distante.

Me causa desazón, angustia, frío.
Este abandono múltiple apabulla.
Todos me van dejando, triste suerte.

Pero tú no te vayas ángel mío,
me ha dejado el deseo con su bulla,
mas si me dejas tú, será mi muerte.


Luciana Laura Rubio Vega.

Sinceridad frustrada.

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Sinceridad está decepcionada,
un palmo de narices recibió,
cuando con ilusión de presentó
cual miembro principal de la embajada.

Le dijeron, -está usted muy errada,
aquí ningún disgusto sucedió
vuelva usted al lugar del que llegó,
por hoy Simulación es la indicada-.

Sinceridad está ya acostumbrada
al trato soslayante de la gente
que no quiere mirar nunca de frente.

Son ojos que desvían la mirada,
cuchichean a espaldas y en concierto
hablan de la Verdad que ya se ha muerto.


Luciana Laura Rubio Vega.

De profesiones.

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Sí, mis alumnos quieren ser ingenieros,
pero son poetas.
Ellos buscan el cálculo, el límite,
y el sol los deslumbra.
Estudian los procesos de producción,
y les llueven palabras,
palabras enredadas de metáforas,
de aves y de flores.
Ellos quisieran ser exactos, precisos,
serios, eficientes,
pero siguen aromas, cabellos largos,
sonrisas cristalinas.
No es que ellos no busquen la poesía,
siempre está con ellos.

Infrarrojo.

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Cuando miro un poema que me brilla
con luces, lentejuelas de rocío,
y cuando otro lo ve, dice: es un río
que arrastra en su caudal de oro semilla.

Cuando miro un poema que me asombra
y la boca se me abre del espanto
y me dicen que no, no es para tanto,
no brilla si lo miras en la sombra.

Yo miro los poemas con mis ojos
y no quiero saber si otro los mira
y les ve lucecitas o sonrojos.

Me gusta descubrir a Poesía,
escuchar los susurros que suspira
y estremecer mi piel cuando me lía.

¿Será mala porfía?
Tal vez no sé mirar bien al poema,
mas siento su infrarrojo que me quema.

Luciana Laura Rubio Vega.​

En tonos rojos.

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Por amor al arte; Georgia O’keeffe.
Extraño del amor dolor sin tasa.
Ese ardor tan constante, tan divino.
Lo traigo a la memoria y lo adivino
que es un fuego del alma que la abrasa.

Remuevo las cenizas: sólo masa.
Inertes sensaciones ya sin tino,
no eleva mi emoción ni aún el vino,
parece que la muerte me traspasa.

Necesito romper prisión tan fría,
fundirle los cerrojos de ceguera,
incendiarme de amor antes que muera.

Es el miedo que encierra al alma mía,
el temor de llorar de desencanto.
He de romper el hielo del espanto.

Sufrir no es para tanto
comparado a mirar en otros ojos,
florar la primavera en tonos rojos.


Luciana Laura Rubio Vega.

Soledad tan hiriente.

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Las hojas muertas; Remedios Varo,
La palabra se enrolla como un quiste
y el silencio me enferma, me demuda.
Ya no canto al amor con su menuda
cascada de pasiones que lo viste.

Era hermoso ese tema, mas resiste
y está ahora mi voz turbia y ceñuda
y prefiere callar, estarse muda.
La acaricio, la beso y más me embiste

con razones de tiempo tan perdido
tan dejado al azar, desperdiciado,
no perdona el errar en el pasado.

Pero amor es la luz, es colorido,
que importa si lo sueño solamente
por dar luz a lo oscuro de mi mente.

Soledad tan hiriente
que me cierra el portón de la riqueza
paraíso de luz y de belleza.


Luciana Laura Rubio Vega.

Metamorfosis.

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Mariposa monarca.
Cuando el terror me atrapa y me envuelvo en un ovillo
no puedo mirar nada, ni al Sol que me deslumbra,
no puedo ver la esencia del arte que se encumbra,
ni oír un sutil canto, jubiloso y sencillo.

Se me oscurece el alma, mimetiza sin brillo,
se esconde en depresiones de horror que todo herrumbra
y cuando pierde el pálpito, a la muerte columbra
que le ofrece esponsales con sus flores y anillo.

Y la vida resurge cual pequeña semilla,
se nutre de las lágrimas de espanto acumuladas
y brota de muy dentro con dolor de mil partos.

Hay que romper el cerco que te reprime y humilla,
hay que enfrentar la muerte, volver a las andadas
y escupir al tirano que es quien nos mantiene hartos.


Luciana Laura Rubio Vega.

Olas de arena.

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En las olas de arena, mar inmenso
reducto que sin agua se quedara
y que en su fiel memoria se guardara
sutil oscilación, fósil extenso.

Extraño presentir, sentir intenso,
calor que por el día le quemara
nocturna soledad más le angustiara
reflejos de la Luna, decir tenso.

Así el calor del Sol reverberando
causa los espejismos del desierto
parece que no hay vida y todo ha muerto

mas hay entre la arena respirando
organismos que viven y que miran,
que se ocultan del Sol y que conspiran.

Luciana Laura Rubio Vega

El rostro del alma.

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Buscaba yo un poema que moviera a mi musa,
que la hiciera dejar su estado ensimismado,
que lograra hacer vibrar el gozo tan guardado
o que el llanto vertiera con sollozos confusa.

Mas mi musa es inerte considerando ilusa
la palabra profunda del poeta atinado.
No la mueve la urgencia del amor tan ansiado
y se pierde en mi mente, se me vuelve difusa.

Creo que ya he mutado, voy perdiendo energía.
Es el rostro del alma que pierde juventud
y se orienta hacia el final buscando fiel quietud.

Ojalá que a mi musa la mueva la hidalguía
e igual que don Quijote se salga a cabalgar
que luche con fantasmas y sueñe con amar.

Luciana Laura Rubio Vega.

Soneto de retales.

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Retales de ilusión.
Escribir un soneto de retales,
con pedazos de amor y de ilusiones
donde se oiga el sonido de canciones
y recuerdos e imágenes, postales.

Versos en la memoria repetidos,
los de Darío, Bécquer, también Nervo,
Dios mío en la memoria hay un acervo,
hileras de mil versos escondidos.

“Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se resuma”…*
poemas que se pierden en la bruma.

Adolescencia linda, se hizo brisa,
solo quedan fragmentos que hoy remiendo
para hacer un soneto, pues te atiendo.

*Fragmento del poema “Cuando sepas hallar una sonrisa” 
de Enrique González Martínez

Luciana Laura Rubio Vega.